sábado, 27 de junio de 2015

Aventura asiática (días 6, 7 y 8): Phuket y Koh Yao Noi (Tailandia)

Nos levantamos a las 6 de la mañana para que nos diera tiempo de desayunar antes de coger el taxi que nos llevaría al aeropuerto. Después de nuestra experiencia en Bangkok, teníamos miedo de llegar tarde y perder el vuelo, así que llegamos con muchísimo tiempo. El aeropuerto de Khon Kaen es peculiar. Muy pequeñito y sólo tiene vuelos domésticos, aunque tienen previsto ampliarlo e incluir algunos vuelos internacionales a países cercanos. Nuestro vuelo hacia Phuket hacía escala en Bangkok, así que hicimos una paradita para comprarnos un donut en Krispi Kreme, esta vez de pink strawberry cheesecake. Una vez que aterrizamos en Phuket, intentamos tomar un taxi que nos llevara hacia el barco que nos trasladaría hasta la isla donde habíamos reservado el hotel. Intentamos por todos los medios no sentirnos turistas y que alguno de los taxistas nos llevara  hasta Bang Ron Pier poniendo el taxímetro en marcha. Uno de ellos nos dijo que sí, pero por el camino decidió no ponerlo y que nos cobraría 650 Baht por el trayecto. Al final, con paciencia y una sonrisa conseguimos que fueran 600 Baht, que por otro lado era un precio relativamente justo, teniendo en cuenta que la distancia que habíamos recorrido era bastante grande. 


Una vez en el muelle tomamos un barco (speed boat) hasta la isla, Koh Yao Noi que nos costó 200 Baht cada una. Se supone que debía salir a las 14:00, sin embargo a las 13:30 embarcamos y pusimos rumbo hacia el paraíso.








Nuestra parada era la última, y durante el camino pudimos disfrutar de un paisaje maravilloso, salpicado de construcciones mamotréticas de impacto visual aterrador, por no hablar de todo lo que conllevan esos resorts. A pesar de todo disfrutamos del viaje, de la brisa y del vaivén de la navegación.

Al llegar a la isla tuvimos que coger otro medio de transporte, el songthaew, que nos costó 100 Baht más a cada una... Acabábamos de aterrizar y ya habíamos gastado un montón de dinero sólo en transporte... si llegabamos al "resort" y no nos gustaba íbamos a darnos cabezazos contra la pared. La verdad es que nos sentimos un poco timadas, pero se nos pasó cuando llegamos a nuestra cabaña... 

El hotel-resort-cabaña, como lo queramos denominar, se llamaba Thakhao Bay View Bungalow. Nos ofrecieron una habitación familiar en primera línea de playa por 1200 Baht o una pequeña, en segunda línea por 800. Evidentemente cogimos la grande, una cabañita con mucho encanto, con camas cómodas, baño propio y ventiladores.  Muy recomendable en cuanto a relación calidad-precio. A partir de este momento voy a intentar expresar con palabras lo que experimenté los dos días que estuvimos allí, aunque creo que las imágenes hablan por sí solas...





Las horas transcurrieron tranquilas y reflexivas entre paseos por la playa, baños en un agua a 35ºC, exploraciones en kayak y muchas muchas fotos. Hacía meses que no sentía esa paz, esa sensación de que el mundo se había detenido, que las prisas, el ajetreo y el reloj habían desaparecido de mi vida. Hacía una eternidad que no disfrutaba de una comida con tanta conciencia. Si cierro los ojos aún puedo saborear aquellas maravillas y oler los aromas de la cocina tailandesa.
Esos dos días fueron increíbles, muchísimo mejor de lo que habíamos imaginado en todos los aspectos.
Después de experimentar aquellas espectaculares 48 horas ya estábamos preparadas para emprender de nuevo nuestro camino, esta vez rumbo a Chiang Mai....


martes, 19 de mayo de 2015

Aventura asiática (días 4 y 5): Khon Kaen (Tailandia)

Cuando me levanté el cuarto día, desayuné y me puse en camino hacia la facultad. Almorzamos allí mismo y asistí a una de las clases de Merche. Nunca la había visto en acción pero me quedé fascinada por lo bien que hace su trabajo. Justo después, de 2.30 a 4.00 me tocaba a mí... Merche me propuso dar una clase de español a sus alumnos en la asignatura de Turismo, y así lo hicimos. Fue una experiencia maravillosa. Tanto, que durante unos meses estuve planteándome el seguir estudiando para poder dar clase de español a extranjeros, pero al final la vida me ha llevado por otros derroteros.
De vuelta a casa compramos un montón de frutas: papaya, cantalup, uvas, dragon fruit, jackfruit... ¡¡¡buenísimas todas!!! Vaya merienda. 
Una vez que recuperamos fuerzas nos dimos un paseo por el Templo de la ciudad, Nong Wen (Fotos), dimos un paseo nocturno al lado del lago y cenamos en el mercado de Turon.



De vuelta a casa tuvimos una nueva charla muy enriquecedora antes de dormir. Las apasionantes conversaciones que mantuve con Merche y Álvaro mientras estuve en Khon Kaen me alimentaban el espíritu aunque me quitaran horas de sueño. Esas charlas me dieron otro punto de vista, otro enfoque sobre la vida y la búsqueda de la felicidad. Me hicieron recapacitar sobre lo realmente importante y en cierto modo cambiaron algo en mí. Gracias por esos ratos y por vuestra sabiduría, porque otra manera de vivir es posible. 

Al día siguiente tuvimos alguna que otra anécdota. Resulta que después de unos días en Tailandia mi viaje continuaba en solitario por tierras Camboyanas y para entrar al país es necesario un visado con fotografía reciente, así que fui a una tienda donde hacen fotografías muy cerca de la universidad. La toma de la instantánea no tardó nada, un visto y no visto, pero nos pidió que esperásemos un momento a que la imprimiera. Y pasaban los minutos, y las fotos no salían... y venga a esperar. Veinte minutos más tarde, recibimos a la señora toda apurada, pidiéndonos disculpas por la tardanza. Cuando nos dio las fotos impresas entendimos en qué había empleado el tiempo... Atentos a la foto...

Al parecer en Tailandia todo el mundo pide que le hagan un retoque con Photoshop cuando se hace fotos, y conmigo la señora tuvo mucho trabajo para adaptarme a los estándares tailandeses. Es una pena que la foto esté hecha con el móvil y no se aprecie, pero... donde está mi narizota?? Y cuál es la razón de esas cejas negras de medio metro que parecen dos gatitos acostados?? Hasta la forma de la cara me la retocó, por no hablar del color del pelo. Me pareció muy muy gracioso el concepto de belleza que se tiene en cada sitio, pero me dio miedo que en Camboya no me dejaran entrar porque la de la foto no era yo...









Cuando salimos de allí nos dirigimos hacia el hospital para darnos un masaje tradicional tailandés. Mientras esperábamos para entrar, estuvimos ojeando una revista y... sorpresa... encontramos un artículo sobre Júzcar, el pueblo pitufo!!!... casi nos emocionamos. El masaje posterior fue espectacular aunque doloroso, y salimos como nuevas. Después de esto cenamos y a la cama porque al día siguiente poníamos rumbo a Phuket. 


Continuará...


lunes, 9 de marzo de 2015

Otros pueblos otras costumbres: Concierto de Placebo en Aberdeen.

Para no aburriros con el tema asiático hoy escribo sobre algo que me ocurrió hace unos días. Aberdeen, la ciudad donde resido actualmente, no se caracteriza por su gran oferta cultural ni de ocio. Sin embargo, la semana pasada tuvimos el privilegio de contar con la actuación de un gran grupo: Placebo. Hasta hace unos meses yo no conocía de esta banda más que el nombre, pero mi hermano Rubén, admirador de un amplio repertorio de grupos y estilos musicales a pesar de su juventud, me escribió hace unos meses un mensaje por Whatsapp que decía...: "Miriam, que Placebo va a Aberdeen!!!" Y yo pensé: "Ah pues muy bien..." Al principio no entendí la relevancia del evento. El pobre, que con paciencia y sin mucho éxito intenta reeducar mi gusto musical, según él contaminado por el reggaeton (aunque en realidad lo que escucho es salsa), me mandó unas cuantas canciones del afamado grupo que, al parecer, hacía ruta por Escocia. 
Tengo que decir que me gustó cómo sonaban desde la primera canción, y poco a poco me fui enganchando. Y qué mejor excusa para venir al concierto que hacerme una visita, por si echaba de menos al pequeño de la familia jejeje. Así que el lunes pasado recogí a Rubén del aeropuerto y el martes fuimos al concierto, que fue toda una experiencia, por describirlo de alguna forma.
Las puertas del Music Hall abrían a las 7, y nosotros a las 6.30 ya estábamos allí, al fresquito y de los primeros... Mmmm sospechoso. A las 7.05 ya estábamos dentro. Como no conseguimos entradas en pista tuvimos que sentarnos en el piso de arriba, pero escogimos unos sitios perfectos: segunda fila, centrados con respecto al escenario... lo veríamos genial, y cuando todo el mundo se pusiera de pie no tendríamos a casi nadie delante que nos tapara. 
A las 8 empezaron los teloneros y la pista aún no estaba llena... Mmm sospechoso de nuevo... el concierto empezaba a las 9!!! 
Y por fin llegó la hora... al escenario saltaban Brian Molko y sus músicos... Yo, sin ser fan incondicional, estaba emocionada, con ganas de ponerme en pie y aplaudir como una loca... pero nadie lo hizo, así que me quedé sentada. 
Empezó el concierto, y la tercera canción fue Loud like love, una de mis favoritas (ahí dejo el link por si queréis disfrutarla). 


En ese punto del concierto yo pensé que algo pasaba... ¿habían drogado a todos los asistentes menos a nosotros y a cinco chicos de la pista, que sí estaban bailando? ¿Estaban viendo un debate sobre el estado de la nación y yo no me había dado cuenta? ¿¡Porqué nadie saltaba, gritaba o cantaba!? Un grupo como este llega a la ciudad, pagas 30 libras escocesas y decides que lo mejor que puedes hacer es quedarte de pie en la pista mirándolos como si estuvieran en la pantalla de tu televisor, aunque algo más incómodo. Increíble, indescriptible... INAUDITO!!
Mi desesperación crecía por momentos, al no poder ponerme en pie, para no tapar la vista a los de detrás, y al ver a los de la pista estáticos como pasmarotes. Mi frustración crecía al mismo ritmo que el nivel de alcohol en sangre del personal, así que allá por la canción 15 empezaron a reaccionar y la primera mitad de la pista hacía un leve movimiento con la cabeza al compás de la música. Sólo en las dos últimas canciones (de 21) empecé a creerme que estaba en un concierto. 
Tengo que decir que el directo de este grupo es impresionante y que no se amedrentaron ante un público tan pasivo (yo me hubiera ido a casa llorando), por lo que aún conservaba la esperanza de que la gente pidiera un bis. Pues no... fue tocar el último acorde y pies para qué os quiero, todo el mundo a casa que son las 10.30 y mañana hay que madrugar. 
Esta entrada la escribo desde la indignación, como se puede comprobar, pero es que me quedé con ganas de saltar y bailar al ritmo de una gran banda que tocaba en directo para deleite de mis sentidos. Quizá en otra ocasión, pero desde luego desde otro lugar, con un público que acompañe.

PD. Gracias Rubén por convencerme para ir al concierto, a pesar de todo lo disfruté. Te acabas de ir y ya te echo de menos, hermanito. Ésta es para ti: 


lunes, 2 de marzo de 2015

Aventura asiática (Días 2 y 3): Bangkok y Khon Kaen (Tailandia)

Después de un sueño reparador en el hotel, nos levantamos y bajamos a desayunar. El desayuno buffet contaba, entre otras muchas cosas, con frutas que yo no había visto jamás, como la dragon fruit, muy rica por cierto, o platos salados como el pollo con anacardos... sí, sí, estoy hablando del desayuno... y cómo no, mi aventura Tailandesa pasaba por experimentar ese magnífico manjar a hora tan temprana. Mientras nos arreglábamos para salir, Merche y yo hablamos de la posibilidad de ir al mercado de Chatuchak, el más grande de Tailandia, pero ninguna de las dos teníamos la intención de comprar compulsivamente, ni nos apetecía andar entre un tumulto de gente, así que nos decidimos por otra opción más cultural: la casa de Jim Thompson.

Madejas de seda teñidas listas para tejer.
Jim Thompson fue un empresario que ayudó a la comercialización de la seda Tailandesa por todo el mundo. En su casa museo pudimos ver, entre otras cosas, cómo se elabora la seda de manera tradicional y alguno de los bailes populares de Tailandia. Os dejo un vídeo para que os hagáis una idea de la delicadeza con la que bailan, y para que os fijéis en la postura de sus manos. Intentadlo a ver si lo conseguís, porque para mí, con mi flexibilidad nula ha sido imposible.


Al final la elección fue un acierto. Me quedaba sin ver el famoso mercado pero a cambio había disfrutado de una visita que me había sorprendido gratamente, y había aprendido un montón de cosas sobre la seda y su historia. Volvimos al hotel a por el equipaje, y aquí viene la anécdota de la jornada. No calculamos muy bien el tiempo que tardaríamos en ir al hotel y desplazarnos hasta el aeropuerto. Cuando bajamos del metro para coger el autobús que nos llevaría hasta Don Mueang (el aeropuerto de vuelos domésticos), estábamos un poco agobiadas pensando que perderíamos el avión. Si a esto le sumamos el caos de tráfico en Bangkok y la caravana que encontramos, el resultado es dos españolas en apuros. La suerte tailandesa hizo que nos encontráramos con una profesora de la universidad de Khon Kaen, ciudad a la que nos dirigíamos, que nos tranquilizó diciéndonos que ella iba a coger el mismo avión que nosotras y que no nos preocupásemos, que íbamos con tiempo de sobra. Lo que esa mujer llamaba tiempo de sobra era 1 hora exacta para el despegue del avión cuando aún no nos habíamos bajado del autobús y teníamos que facturar. Pero allá donde fueres... hazle caso a los lugareños.  Efectivamente tuvimos tiempo de facturar, llegar a la puerta de embarque, e incluso comprar un donut en Krispi Kreme para la merienda.
Una vez en Khon Kaen dejamos las cosas en casa de Merche y fuimos a cenar sushi a un restaurante cercano Little Osaka, donde cenamos de lujo por muy poco dinero.
A la mañana siguiente acompañé a Merche a la Universidad. Fuimos en "songthaew" que significa dos asientos, y es una camioneta que hace las veces de autobús. Es muy curioso porque no hay paradas establecidas, sino que cuando quieres bajar pulsas el botón, para y te bajas, sin más. 

Montada en el Songthaew de camino a la Universidad.
Cuando ella terminó de trabajar fuimos a comer a una especie de centro comercial. Allí tomamos ensalada de papaya (som tam), pollo con curry verde (este no picaba, por cierto), cerdo con salsa de cacahuete (moo satay) y sticky rice para acompañar. Disfruté muchísimo de cada uno de los platos y pesar de que la ensalada de papaya picaba un poco más de lo que en condiciones normales hubiera estado dispuesta a tolerar, no podía ponerle pegas a una comida tan deliciosa. 
Por la noche fuimos a cenar a un mercadillo nocturno donde volví a deleitarme con los placeres gastronómicos del país. Esta vez tomé Pad Thai y lo disfruté de principio a fin. 
Volvimos a casa relativamente pronto, porque al día siguiente tenía "trabajo" que hacer, pero otro día os cuento exactamente en qué consistió. 

Continuará...

jueves, 26 de febrero de 2015

Aventura asiática (día 1): Bangkok (Tailandia)

Ya escribí hace unos días sobre los motivos por los que decidí liarme la manta a la cabeza y comprarme un billete de ida y vuelta a Bangkok. Hoy comienzo con el relato de la aventurilla en sí. Si doy algunos detalles difícilmente recordables después de exactamente un mes desde mi vuelta, no es porque tenga una memoria de elefante, sino porque fui anotando todo lo que me iba sucediendo en mi "libretita de los viajes", que, siendo fiel a su propósito, vino de México de la mano de mi jefa. 
El vuelo desde Málaga salió temprano, a las 9:35 de la mañana para ser exactos. Hicimos escala en París, y a las 14:00 (bueno, un poquito después porque salió con retraso) emprendíamos de nuevo el camino rumbo a Bangkok. El viaje se me hizo un poco pesado, porque con la excitación del momento no fui capaz de dormirme más que una hora, pero pasé el tiempo viendo películas, paseando por los estrechos pasillos del avión o simplemente no pensando absolutamente en nada. Había olvidado esa sensación de ausencia de pensamientos, mente en blanco y felicidad absoluta. Mi cerebro empezaba a desconectar de las preocupaciones mucho más fácilmente de lo que esperaba, y eso estaba muy pero que muy bien. 

A las 7:15 a.m. (hora tailandesa) aterrizamos en el aeropuerto Internacional de Suvarnabhumi, Bangkok. Nada más llegar cambié dinero en el mismo aeropuerto para tener Bahts, la moneda tailandesa. Cogimos un tren hasta Phaya Thai y desde ahí el Skytrain BTS, es decir, el metro "aéreo"... que no es subterráneo, vamos. Bajamos en la estación de On Nut porque nuestro hotel, que se llama Imm Fusion (qué graciosillos los que le pusieron el nombre) está muy cerquita. Soltamos las maletas, nos dimos una ducha y descansamos un poquito antes de ir a comer. Para el almuerzo fuimos a Tesco Lotus, un food court (para los ignorantes como yo es una planta llena de puestecitos de comida y en el centro mesas para que las consumas) donde hay una gran variedad de comida típica tailandesa. Todo tenía una pinta estupenda y olía genial. Pero ayyy inocente de mí... la primera en la frente. Quería probar algo típico, nada de hamburguesas ni salchichas y vimos un puestecillo con pollo al curry. Le preguntamos si picaba y el buen señor nos contestó: Mai Ped, o sea no pica. Y qué hice yo? pues no pedir pollo al curry sino pollo al curry verde, que estaba más atrás, sin preguntar si ese en concreto picaba o no. Me senté muy contenta con mi adquisición, más Thai imposible.


Pinché un trocito de berenjena tailandesa, que son chiquitas y redondas, muy distintas a las nuestras, y.... horror.... se me cayeron dos lagrimones enormes. Aquello era lo más picante que había probado en mi vida, así que no pude comer nada más en un rato. Para compensar el disgusto me compré piña, muy buena, por cierto, como todas las frutas que probé en los días posteriores. 

Tras el pequeño percance gastronómico... quién dijo Jet Lag?... tomamos el BTS hasta Saphan Taksin para ver el Wat Pho y el Wat Phra Kaeo, o sea, el Palacio Real. Tengo que decir que en Bangkok el transporte en general, y el metro en particular, es bastante caro en comparación con otras ciudades. Pero una vez en Saphan Taksin tomamos el barco, que se utiliza como metro acuático (allí tienen metro por tierra, río y aire), y en lugar de montarnos en el turístico utilizamos el típico tailandés. ¿La diferencia? Fundamentalmente el precio... mientras uno costaba más de 100 bahts, el que nosotras tomamos sólo fueron 15 bahts. Llegamos a Tha Tien Pier, donde nos bajamos del barco, y nos dirigimos al Wat Pho que alberga el mayor buda reclinado de Tailandia. 

La estatua me pareció impresionante, encajada en ese pequeño templo, majestuosa y serena al mismo tiempo. Daba gusto admirar tanta belleza. Supongo que ser el primero de los budas que vi durante el viaje lo hace todavía más especial. Salimos de allí, dimos un paseo por los alrededores y nos dirigimos rápidamente hacia el Palacio Real. 
Éste conjunto de templos-estupa-reproducción Angkor Wat-Casa Real me resultó bastante caro. Es cierto que si vas a Bangkok y te lo pierdes es para que te lo hagan mirar, porque es una de las atracciones que uno no puede obviar al visitar la ciudad.Sin embargo, no fue lo que más me gustó de Tailandia, ni siquiera de Bangkok, qué le hacemos... Por cierto, el famosísimo buda esmeralda me pareció muy pequeño... y me dio rabia no poder hacerle fotos (estaba prohibido). En este templo también tuve una pequeña anécdota. Como en todos los los lugares sagrados en Tailandia, hay que descalzarse al entrar y llevar ropa apropiada, lo que se entiende por rodillas, hombros-codos y escote cubiertos. Lo que yo no esperaba es que al señor de la puerta mis leggins del Decathlon hasta los tobillos le parecieran "too tight", o sea, demasiado ajustados. Teníamos dos opciones: a) ir hasta la entrada donde, tras la correspondiente cola kilométrica, y por un depósito de 200 baht, te prestan ropa adecuada; b) liarme un pañuelo de Merche de lo más colorido a modo de falda encima de los leggins, que me hacía parecer la turista más "guiri" del lugar. Efectivamente, teniendo en cuenta que faltaba sólo una hora para cerrar, me olvidé del remilgo estético y opté por la opción b. De esto no pondré fotos, porque si algún día me hago famosa no quiero que salgan a la luz ;)

Ahora que estoy recopilando la información de ese día me doy cuenta de que las anécdotas se sucedieron en las pocas horas que estuvimos en la calle. Resulta que a la salida del Palacio Real queríamos volver relativamente rápido al hotel para descansar un rato antes de cenar, pero tomar el barco y el BTS de nuevo nos llevaría un buen rato, así que optamos por el taxi. Con la mano a la altura de la cintura, como pidiendo que aminore la marcha (esa es la forma de llamar al taxi en Tailandia), Merche se dispuso a parar a uno de ellos. Rápidamente obtuvimos respuesta, un taxista se paró delante de nosotros y Merche en tailandés (que no veas cómo se maneja la muchacha) le dio la dirección el hotel donde nos alojábamos y le preguntó si nos podía llevar. El conductor dijo que sí, nos montamos y, al girar la esquina nos dice que nos bajemos, que lo ha pensado mejor y eso está muy lejos. Yo me quedé perpleja, pero claro, ella está más acostumbrada a tratar con thais, y al parecer eso es relativamente normal. Por fortuna el siguiente taxi que pasó nos llevó al hotel sanas y salvas previo regateo del precio final. Incluso di una cabezadita a lo largo del trayecto, porque por mucho que luchara contra el Jet Lag, ahí estaba. 
Tras nuestra visita turística necesitábamos una siesta, pero no muy larga, porque a las 8 habíamos quedado en la parada de BTS de Asok con unos compañeros de profesión de Merche, varios profesores de español a los que había conocido en un congreso. Nos arreglamos y allá que fuimos, a cenar a un restaurante mejicano con comida increíblemente deliciosa. 


La velada fue de lo más agradable, tanto que después de la cena nos fuimos a bailar salsa todos juntos a un bar llamado La Rueda. Lo pasamos genial y l@s chic@s españoles fueron encantadores. Fue un gustazo.

Volvimos al hotel y caímos muertas. El cansancio, la excitación y la alegría de ese viaje que no había hecho más que empezar, y que ya había valido la pena, me dejaron en brazos de Morfeo hasta la mañana siguiente, pero eso os lo cuento otro día, que esta entrada está quedando muy larga.

Por cierto, mis entradas cuentan fundamentalmente anécdotas, pero el blog de Merche tiene mucha más información útil sobre el viaje, transportes, precios y visitas turísticas. Si estáis pensando en viajar a Tailandia y/o queréis comparar sus vivencias con las mías echadle un vistacillo a su blog (http://sinhoradevuelta.blogspot.com/2015/02/bangkok-la-puerta-de-tailandia.html).

Continuará...


martes, 24 de febrero de 2015

Todo es más fácil con un objetivo a la vista

Durante los últimos meses de escritura de la tesis mis emociones iban montadas en un trenecito, subiendo colinas y bajando valles. Algunos días pensaba que nada podría detenerme, mientras que otros me sentía dentro de un túnel, sin salidas de emergencia, ni luces, ni nada de nada que me indicaran que el final estaba cerca. Uno de esos días, de madrugada, estuve hablando con mi amiga Merche, que vive en Tailandia y cuyos blogs recomiendo encarecidamente (http://sinhoradevuelta.blogspot.com, y http://thelimitsofmyworld.blogspot.com). A eso de las 2 de la mañana estaba en mi momento de escritura "supuestamente" más productivo, y Merche se acababa de levantar por eso de la diferencia horaria. Yo tenía uno de esos días horribles en los que todo era negro y le contaba mi preocupación, que me sentía estancada. Ella me leía (por whatsapp) atentamente y me dio la clave. "Tú lo que necesitas es viajar..." sentenció. "Ven a verme a Tailandia". Al principio pensé... está loca jajaja ¿cómo me voy a ir ahora, con la tesis de por medio...? no, no, imposible... además, cuánto gasto, me saldrá carísimo... decididamente no... o al menos no por el momento... pero y si.... El runrún del viaje no paraba de rondarme. Quizá ir a verla durante la escritura no era una buena idea, pero ¿y si lo planteaba como un auto-regalo post-tesis? ¿Me ayudaría eso a tener un objetivo para terminarla? Hablé con Pablo y me animó a comprarme el vuelo. Lo consulté también con Candela, y me dijo sabiamente que los ahorros son para disfrutarlos, y que no había nadie en quien pudiera gastarlos mejor que en mí misma. 
El otro día lo hablaba con una amiga a quien le pasa lo mismo, necesito la confirmación de los demás para tomar mis propias decisiones. Si hubiera comprado el vuelo, y alguien me hubiera hecho algún comentario dudando de la sensatez de mi decisión, habría sufrido un pequeño ataque de pánico hasta encontrar quien no pensara que ese viaje era una locura. Sin embargo, en este caso tenía la confirmación de dos personas en las que confío, y cuyo criterio parece ser más válido que el mío propio (esto lo voy a tener que trabajar próximamente), así que me permití echar un vistazo por la red para ver cuánto podría costarme un vuelo a Bangkok. A pesar de que los billetes eran muchísimo más baratos de lo que yo pensaba, mis inseguridades me impidieron comprarlo en ese momento, y esperé hasta el día en que deposité la tesis para hacerlo. De todas formas el objetivo estaba establecido. Al final de la tesis tendría una recompensa, y no solamente profesional sino que haría un viaje espectacular por Asia. Esa frase, que se repetía en mi mente, de: "Si muero mañana habré desperdiciado los últimos meses de mi vida escribiendo una tesis" desapareció por completo, y en muchos momentos de desesperación, cuando no me quedaban fuerzas para seguir, pensaba: "Si no lo puedo hacer por mí lo haré por Tailandia". Parece de telenovela pero el caso es que funcionó. La tesis se leyó el día 12 de diciembre de 2014 y yo embarqué rumbo a Bangkok con Merche el 9 de enero de 2015. Durante 17 días visité tres países, Tailandia, Camboya y Malasia, conocí lugares espectaculares, gente maravillosa y descubrí a una Miriam diferente, inmensamente feliz. Pero esa es otra historia que dejo para próximas entradas.

lunes, 16 de febrero de 2015

El avión, la sandía y el huequito (experiencias en un avión I)

Hace unos meses, cuando iba de camino a Edimburgo me pasó algo inesperado. Hoy puedo contarlo entre risas pero en el momento en el que sucedió casi me da un infarto. Como de costumbre llegué con bastante antelación al aeropuerto. Creo que es el único lugar al que soy capaz de llegar con antelación, quizá porque me horroriza la idea de perder un vuelo. El caso es que la mañana transcurría con normalidad. Embarcamos con puntualidad británica y me senté en mi asiento, fila 2 (qué afortunada) al lado de la ventana (la suerte me sonríe). Como es un vuelo de tres horas me gusta tener el equipaje a mano para sacar el portátil o algún libro, e ir entretenida, por lo que coloqué mi mochila debajo del asiento delantero. Todo iba bien. Ya estaba situada y aún quedaba gente por embarcar. Era el momento ideal para sacar el "taper" de sandía que me había preparado mi madre con tanto amor. Estaba buenísima y algunos de los "guiris" sentados a mi alrededor me miraban con cara de... mmm qué bueno ahora un poquito de sandía. Para que mi madre viera lo contenta que estaba le escribí un mensaje "whatsapp" con la correspondiente foto de la sandía. La estampa era la siguiente: en la mano izquierda sujetaba el "taper" mientras con la derecha escribía... "muchas gracias mami por la sandía, está buení...." clon, clon, clon!!! Antes de que pudiera reaccionar, el móvil desapareció de mi vista. Primero chocó contra la mochila, luego contra la pared del avión y de ahí al suelo, donde le perdí la pista. Me levanté e hice levantarse al matrimonio que iba a mi lado. Me agaché, pero ni rastro del móvil. Entonces descubrí una rendija entre la "pared" del avión y el suelo, metí la mano y me di cuenta de que era más profundo de lo que esperaba. Llegados a este punto decidí avisar a la azafata. Cuando le conté el incidente y el pequeño detalle de que el móvil estaba encendido cambió el semblante de su cara. Con su acento escocés de Glasgow (o sea, como un acento español de Álora, con todo mi respeto hacia ese estupendo pueblo y sus gentes) me dijo que intentara encontrarlo mientras llamaban a la azafata de tierra, una chica española muy agradable que cuando me vio con cara de "ay señor por qué a mí??", me dijo: "Tranquila, estas cosas pasan muy a menudo". Después de media hora de deliberaciones decidieron junto con el piloto que una vez aterrizados en Edimburgo tratarían de levantar el suelo del avión para recuperar mi teléfono. Las tres horas de vuelo fueron interminables y no por el teléfono en sí, sino porque el no poder recuperarlo significaba varias cosas: por un lado estar incomunicada, así que no podría avisar a mi familia de que había aterrizado sana y salva, lo que llevaría a mi madre a pensar que mi avión había sido secuestrado o que había sido víctima de un ataque nuclear. Por otro lado, no podría tomar el tren de camino a Aberdeen porque para recoger el billete en la estación necesitaba un código que no había escrito en un papelito, como manda la tradición, sino que lo anoté en el móvil. Pues eso, lo que se dice interminables. Una vez en tierra, sin incidentes a pesar de mi teléfono encendido, la azafata me pidió que dejara bajarse a todos los pasajeros y que me quedara en el avión. El ingeniero estaba de camino... Cuando todo estuvo despejado, el ingeniero habló con la azafata, me miraron, se miraron, y me dijero: "...baje del avión, vamos a llevarlo al hangar, donde desmontaremos el suelo, y una vez recuperemos su móvil se lo llevaremos al mostrador de facturación. Hable con la azafata de tierra..." Después de estas palabras lo tenía claro, no recuperaría el móvil a lo largo de esa tarde... La reacción de la azafata de tierra me lo confirmó: "... deje en el mostrador su nombre, dirección y teléfono de contacto, porque parece bastante improbable que recupere hoy su teléfono, madam...". No había recorrido ni 10 metros cuando la azafata de vuelo, la misma que había querido asesinarme con la mirada cuando le conté mi pequeño problemilla, salía corriendo del avión limpiando el agua de la pantalla de.... MI TELÉFONO!!! En ese momento me di cuenta de lo dependiente que soy de ese aparatejo y decidí que siempre llevaría conmigo una libretita con las cosas importantes apuntadas. Tengo que decir que lo he cumplido a rajatabla en el último año y me ha sido de gran utilidad, aunque nunca más he tenido que rescatar el teléfono de las entrañas de un avión.